Un hidrófugo tiene una particularidad incómoda: si lo aplicas mal, no te enteras. No hay una huella arrastrada ni una grieta que te avise. El trabajo queda aparentemente igual de bien, y el fallo aparece meses después, cuando salen las sales o el verdín en la zona que creías protegida.
Por eso conviene tratar la aplicación de EST-3 Plus como lo que es: un protocolo con pasos, proporciones y condiciones, no un repaso final para dejar el trabajo cerrado. Esto es la ficha técnica y el procedimiento completo.
Qué es y cómo se comporta
EST-3 Plus es un líquido hidrófugo oleo-repelente concentrado al agua para bases minerales: morteros, piedras y pavimentos.
Dos propiedades definen su comportamiento y conviene entenderlas antes de aplicarlo:
- Gran poder de penetración. No trabaja formando una capa sobre la superficie, sino entrando en el poro. De ahí que el estado del soporte condicione tanto el resultado: si el poro está ocupado o tapado, el producto no puede hacer su trabajo.
- Resistencia a la alcalinidad. Los morteros y las bases cementosas son alcalinos, y muchos productos se degradan en ese entorno. Este está formulado para aguantarlo, que es lo que le permite durar sobre un soporte recién ejecutado.

Contra qué protege
Su fórmula previene la aparición de sales, verdín y microorganismos. Son tres problemas distintos que comparten una misma causa: el agua que entra en el material y se queda dentro.
Las sales cristalizan al migrar con la humedad y aparecen como eflorescencias blancas. El verdín y los microorganismos necesitan humedad permanente para colonizar la superficie. Al impedir la entrada de agua líquida, el hidrófugo corta el suministro de los tres. Si quieres el detalle de qué es un hidrófugo y en qué se diferencia de un impermeabilizante, está en hidrófugos: qué son y en qué se diferencian; y la ficha completa del producto, en hidrófugo EST-3 Plus.
Las disoluciones
EST-3 Plus es un concentrado: nunca se aplica tal cual. La proporción depende de la exigencia de la superficie.
| Disolución | Cuándo |
|---|---|
| 1:14 (general) | Fachadas, muros e interiores: superficies que reciben agua de forma ocasional |
| 1:6 (máxima protección) | Pavimentos, duchas y piscinas: superficies con contacto frecuente o permanente con el agua |
La lógica es directa: la disolución más diluida basta cuando el agua llega de vez en cuando y se escurre; cuando el agua está presente de forma continua, hace falta más producto en el poro.

El protocolo de aplicación, paso a paso
1. Agitar el envase
Primer paso y el más fácil de saltarse. Al ser un concentrado, necesita estar homogéneo antes de dosificarlo. Si mides sin agitar, la proporción real no será la que has calculado por muy preciso que seas con el vaso graduado.
2. Preparar la disolución
Se mide el producto y se añade el agua en la proporción que corresponda, 1:14 o 1:6. Conviene preparar la cantidad que vayas a usar en la jornada y no más.

3. Limpiar la superficie
La superficie ha de estar limpia y seca. No es un consejo de buenas prácticas, es un requisito del producto: si penetra por el poro, el poro tiene que estar libre.
Aplicar sobre una superficie sucia significa sellar el polvo contra el soporte. Y sobre una superficie húmeda, sencillamente no entra: el hueco que debería ocupar ya está lleno de la sustancia que este producto pretende dejar fuera.

4. Encintar y proteger el entorno
Antes de pulverizar hay que proteger todo lo que no debe recibir producto: ventanas, cristales, suelos y cualquier elemento colindante. Con pulverizador la nube va bastante más lejos de lo que parece, y un hidrófugo sobre un cristal o un pavimento que no tocaba es un problema añadido que no estaba en el presupuesto.
5. Aplicar de abajo hacia arriba
En vertical, el producto se aplica de abajo hacia arriba. Es de esas indicaciones que parecen arbitrarias hasta que entiendes el motivo.
Un hidrófugo diluido escurre. Yendo de abajo hacia arriba, lo que chorrea cae siempre sobre zona ya tratada y todavía húmeda, que no lo absorbe de golpe y permite repartirlo. Yendo de arriba hacia abajo, cada reguero aterriza en superficie seca, se absorbe al instante y deja una banda más cargada que después se ve como una marca más oscura. Y esa marca ya no se corrige: está dentro del material, no encima.

6. Igualar con el cepillo
Con el producto ya aplicado se iguala con el cepillo. El pulverizador reparte bien, pero no perfecto: siempre hay zonas con más carga, sobre todo en los rebajes de una textura de roca, donde el producto se acumula.
El cepillo redistribuye eso antes de que penetre, y de paso lleva el producto al fondo de las grietas y las oquedades, que es donde más falta hace y donde peor llega la pulverización directa. El resultado es un tratamiento homogéneo, sin diferencias de tono ni de brillo al secar.
Las condiciones que hay que respetar
Tres condiciones que no dependen de la técnica sino del momento en que decides aplicar:
| Temperatura | Entre 5 y 30 ºC de manipulación |
| Clima | No aplicar con riesgo de tormentas o heladas |
| Soporte | Superficie limpia y seca |
| Conservación | Conservar el producto en un lugar estable |
Por qué importa la temperatura. Por debajo de 5 ºC el producto no penetra ni cura como debe. Por encima de 30 ºC pasa lo contrario y es más traicionero: la superficie está caliente, el agua de la disolución se evapora antes de que el producto haya entrado en el poro, y te quedas con el consumo hecho y la protección a medias. En verano, eso significa trabajar a primera hora o a última, no a mediodía y menos con el sol dando de plano.
Por qué importa el clima. El producto necesita tiempo para penetrar y curar. Si le cae un chaparrón antes, se arrastra y el tratamiento se va por donde ha venido. Con riesgo de heladas el problema es el contrario: la humedad retenida en el poro se congela, aumenta de volumen y trabaja justo contra el material que querías proteger.
Cómo comprobar que ha funcionado
Como el hidrófugo no se ve, conviene tener una forma de comprobarlo en lugar de fiarse. La prueba es elemental y no necesita nada: echa un poco de agua sobre la superficie tratada, ya seca.
Si el tratamiento ha penetrado bien, el agua perla: forma gotas que se mantienen en superficie y resbalan, y la zona no cambia de color. Si el agua se extiende y se absorbe, oscureciendo el material como cuando llueve sobre un mortero sin tratar, ahí no hay protección.
Vale la pena hacer esa comprobación en varios puntos del paño, no en uno: es la manera de detectar si la aplicación ha sido irregular. Y sobre todo en las zonas difíciles —el fondo de las grietas, las oquedades, los cantos— que es donde peor llega la pulverización y donde el cepillo se gana el sueldo. Si el agua perla en el plano y se absorbe en el fondo de las juntas, no falta producto: falta haberlo repartido.
Un apunte para no llevarse una decepción: déjalo curar antes de probar. Un tratamiento recién aplicado todavía no ha desarrollado su comportamiento final, y una prueba prematura te dirá que ha fallado cuando simplemente no ha terminado.
Los errores que dejan un tratamiento a medias
- No agitar antes de diluir. Toda la dosificación posterior queda falseada.
- Aplicar de arriba hacia abajo. Regueros absorbidos sobre seco y marcas permanentes en el paramento.
- Saltarse el cepillo. Acumulaciones en los rebajes y diferencias de tono al secar.
- Aplicar sobre superficie húmeda o sucia. El poro está ocupado y el producto no entra.
- Trabajar a pleno sol de verano. Evaporación antes de la penetración: gastas el producto y no proteges.
- No proteger el entorno. Cristales, carpinterías y pavimentos con hidrófugo que no les tocaba.
Los fallos generales del oficio los reunimos en los 3 errores más comunes en tematización.
Dónde encaja este paso
El hidrófugo es el último paso de casi cualquier trabajo de exterior del sistema, y se aplica sobre el acabado ya seco y pigmentado. Aparece al final de prácticamente todos nuestros procesos:
- En rocas y cascadas, tras la pigmentación —como en los trabajos de roca con molde.
- En fachadas y sillería, cerrando el proceso de tematización de fachada.
- En piezas exentas de exterior, como las piezas decorativas de gran formato.
- En restauración de patrimonio, junto a EST-7 —ver la ficha del producto para la diferencia entre ambos.
Treinta años protegiendo lo que ya está hecho
Desde Valderrobres (Teruel), con más de 30 años desarrollando el sistema ESTonetex y presencia en más de 60 países, sabemos que el hidrófugo es el paso que menos luce y el que decide si un trabajo aguanta cinco años o quince. Nadie fotografía la hidrofugación; todo el mundo fotografía la roca. Pero es lo que hace que esa roca siga estando bien dentro de una década.
Puedes conseguirlo en la tienda online, ver la gama completa en la página de morteros y aprender el proceso completo con nuestra red de aplicadores tematizadores certificados en los cursos de tematización. Más artículos en el blog y en los tutoriales de tematización; si empiezas de cero, qué es la tematización. Todo el sistema, en Estecha Reproducciones.
Preguntas frecuentes sobre la aplicación de EST-3 Plus
¿Qué disolución de EST-3 Plus tengo que usar?
La disolución general es 1:14 (una parte de producto por catorce de agua) para fachadas, muros e interiores. Cuando se requiere mayor protección —pavimentos, duchas, piscinas— se va a 1:6. La regla es sencilla: cuanta más agua vaya a recibir la superficie, más concentrada la disolución.
¿Por qué se aplica de abajo hacia arriba?
Porque en vertical el producto escurre. Aplicando de abajo hacia arriba, lo que chorrea cae siempre sobre una zona ya tratada y humedecida, que no lo absorbe de golpe. Al revés, cada reguero cae sobre superficie seca y sedienta, se absorbe de inmediato y deja una marca más oscura que ya no se empareja.
¿Para qué se pasa el cepillo?
Para igualar el producto aplicado. El pulverizador reparte bien, pero siempre quedan zonas con más carga que otras, y en un hidrófugo eso se traduce en diferencias de brillo y de tono al secar. El cepillo redistribuye antes de que el producto penetre y deja el paño homogéneo.
¿A qué temperatura se puede aplicar?
La temperatura de manipulación oscila entre los 5 y los 30 ºC. Por debajo el producto no penetra ni cura bien; por encima se evapora antes de haber penetrado, con lo que te quedas con el consumo y sin la protección.
¿Puedo aplicarlo si va a llover?
No. No aplicar con riesgo de tormentas o heladas. El producto necesita penetrar y curar; si le cae agua antes de tiempo, se arrastra y el tratamiento se pierde. Y con helada, la humedad retenida en el poro al congelarse trabaja justo contra lo que intentas proteger.
¿Hay que preparar la superficie?
Sí: limpia y seca, siempre. Sobre suciedad, el hidrófugo sella la suciedad contra el soporte. Y sobre superficie húmeda no puede entrar, porque el poro ya está ocupado por agua — que es precisamente lo que este producto quiere impedir que entre.
¿Contra qué protege exactamente?
Previene la aparición de sales, verdín y microorganismos. Es un hidrófugo oleo-repelente con gran poder de penetración y resistencia a la alcalinidad, apto para bases minerales: morteros, piedras y pavimentos.
¿Hay que agitar el envase antes de diluir?
Sí, es el primer paso del protocolo. El producto es un concentrado y necesita estar homogéneo antes de medirlo; si se dosifica sin agitar, la proporción que preparas no es la que crees, por muy bien que midas después.
